jueves, 28 de junio de 2018

La motivación de este colectivo (por una educación con salud mental)


La motivación para crear este colectivo (por una educación con salud mental), nace de la constante demanda de ayuda, de personas que acuden a consulta manifestando temor, desesperanza, desilusión, ante la respuesta de diferentes instituciones educativas para con sus hijos. Niños y adolescentes que requieren atención a sus necesidades especiales.

No soy docente, pero, como médico psiquiatra especialista en niños y adolescentes acudo mucho a las instituciones educativas porque creo en el trabajo en equipo, en la transdisciplina, en que más cabezas pensamos mejor y más corazones ayudamos con mayor dedicación y amor.

La necesidad de romper los muros, de nuestros consultorios, hospitales, clínicas, instituciones educativas es imperante. No podemos trabajar solos, simplemente no funciona o no como debería.



Acá la idea no es criticar, sino ver de qué manera podemos reconocer que podemos trabajar mejor y que quizás la forma en que hemos venido abordando los diferentes casos ya no es la más óptima.

Hay niños que portan discapacidades físicas, otros intelectuales, sensoriales, sensitivas, etc. Hay otros que puedan presentar trastornos del desarrollo, de la conducta, emocionales, etc. Otros que  vienen de hogares con disfuncionalidad, violencia o ausencia de algún cuidador. El hecho de  que cada ser humano sea irrepetible, único, portador de un mundo interno al que los demás no tienen acceso, es de por sí la primera manifestación de que la diversidad es inherente a la sociedad. Es también real que hay personas que tienen necesidades especiales y que las instituciones educativas deben estar dispuestas a adaptar sus servicios para estos casos. Adaptaciones tan diversas como personas necesitadas existan. Pudiendo ser adaptaciones físicas, ambientales, de material, de tipos de evaluación, de horarios, sociales, etc.

Leyes, manuales, documentos, para poder trabajar de manera inclusiva existen, sí, los hay. Pero ¿realmente se utilizan, se aplican, comprendemos de la importancia de todo esto, sabemos cómo hacerlo?. Por un lado, el sector educativo nacional tiene esto más regulado, ¿pero que hay del sector privado? Nos encontramos aún con colegios que para que un profesional de la salud logre hacer una observación en aula demoran mucho en acceder, colocando trabas y retrasos en el proceso de evaluación. Nos encontramos con padres de familia que prefieren no compartir con las instituciones educativas las evaluaciones de sus hijos, por temor a represalias de parte de las instituciones. Temen que no los acepten, que los retiren del colegio, etc. Nos encontramos  con colegios que exigen que los niños vayan medicados, siendo esto ilegal, es imposible que un profesional docente decida cuándo o no se le medica a un niño. Encontramos personal psicopedagógico que no reconoce rasgos o síntomas de trastornos del desarrollo como lo son los del espectro del autismo y simplemente piensan que son conductas inadecuadas generadas por problemas familiares o de crianza. Nos encontramos con médicos que atienden a sus pacientes en 15 minutos, diagnostican, medican y no hacen seguimiento en las instituciones educativas, donde sus pequeños pacientes pasan la mayor parte del día!.

Preguntémonos con la mano en el pecho, ¿estoy haciendo lo mejor que puedo?, ¿la manera en que enseño, trato, abordo, es la más enaltecedora?, ¿cuáles son nuestras oportunidades de mejora, de qué manera podemos ponernos la camiseta y trabajar a consciencia?. Cada profesional comprometido en la educación y la salud va a tener una mirada desde su rubro, desde su formación pero eso no basta ni es la verdad absoluta. Debemos trabajar en conjunto si realmente queremos generar cambios importantes.

  

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